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Poeta no es. Tampoco domina con maestría ese gachupín arte de las cuerdas y los vientos. Pero este hombre se ha curtido con la desafinación de este nuestro mundo tan fantástico y mounstroso.
Le gusta el olor del tiner, el sabor vainilla, el color rojo, la aspereza de los troncos, el sonido que brota cuando agitamos nuestra panza llena de agua.
De ahí sale la música de Luis Ku. De los olores, los sabores, de los tentáculos de la piel, de los colores no tanto porque es daltónico. . .
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